domingo, 13 de marzo de 2011

Papelitos

Algunos papelitos sobre la última edición de la FILPM. Memorias que en años anteriores no me habían abordado.

* A lo lejos aún escucho las herraduras de Rocinante
“Es un libro de colección, de biblioteca”. La frase no era parte de una táctica publicitaria por parte del vendedor para enganchar al cliente potencial. Don Quijote de la Mancha (El ingenioso hidalgo y El ingenioso caballero), de pasta de piel, grabado a mano, con bellas ilustraciones, con estuche personalizado y edición original –castellano del siglo XVII–, no era una falsa promesa ni un invento de la imaginación. Estaba vivo, estaba ahí. Su carga épica podía sentirse aún sin palparlo, era como si su interior latiera con fuerza en la búsqueda de algún osado compañero que se atreviera a revivir al Quijote, Sancho Panza y Dulcinea, con el simple hecho de enunciar sus aventuras.

“Está en 400 pesos, es un regalo”, decía el joven editor de Random House Mondadori, mientras dos chavos se miraban el uno al otro, dirimiendo si harían o no la compra. La oportunidad debía tomarse sin pensarlo ni un momento, tal como lo hizo un estudiante de medicina que sacó la tarjeta de crédito, firmó, y un minuto después salió cubierto de gloria. Quizá en un futuro padezca para solventar ese gasto inesperado, pero el dinero parecía poco, falto de valía ante la magnificencia de la obra obtenida.
 
El (des)encuentro albiceleste
¿Dónde está El Aleph?
¿Dónde La Biblioteca de Babel?
Sin Borges aquí
Buenos Aires me parece tan lejano.


De la nada, en esas ruinas
que no son circulares,
se filtra un acento argentino
con aire parisino,
una voz que hace las veces de tiza
y traza un juego aparentemente sin sentido.


Aviento la piedra,
diviso el destino,
me abalanzo hacia sus líneas
con mis temores y alegrías.


Algunos llaman Rayuela
a este juego en forma de escalera.



1 comentario:

"M" dijo...

Diría en Facebook 'Me Gusta'
Bye*
:D