lunes, 7 de noviembre de 2011

'Pazeando' en el laberinto

Una de las claves para no perderse en El Laberinto de la Soledad es, parafraseando a Nietzsche, caminar por el mundo con eterna vivacidad, dejando de lado el soborno de la vida eterna.

Octavio Paz atendió ese consejo y gracias a ello nació cuatro veces: sus padres lo engendraron; se concibió poética e ideológicamente; se reinventó política y espiritualmente; y tras fallecer el 19 de abril de 1998, sus libros, lectores y, por qué no, sus detractores, se han encargado de brindarle un cuerpo inagotable e imperecedero: la lengua, la Libertad bajo Palabra.

Paz creció influido por los ideales de la Revolución Mexicana, los cuales defendió e hizo suyos, al grado de que “quiso ser héroe, revolucionario... redentor”, señaló hace unos días el historiador mexicano Enrique Krauze. Asimismo, la doctrina marxista fue la bandera de su juventud y de sus inicios como poeta.

Sin embargo, con el tiempo fue perdiendo fe en el marxismo. Comenzó a alejarse de los filósofos que alguna vez admiró. Dejó de lado el radicalismo, ya que –decía– no era benéfico para la construcción de una nación democrática. Con la caída del Muro de Berlín sintió que el tiempo le había dado la razón.

Octavio careció de paz cuando la izquierda le dio la espalda. Por tal motivo (además de que no veía al proyecto del PAN como una opción viable) le dio la Vuelta a sus opositores –y a sus principios–: apostó por el PRI, por Salinas de Gortari... y perdió, en ese juego perdió y más tarde lo reconoció.

Esas contradicciones entre el poeta y el intelectual, el joven revolucionario y el adulto conservador, generaron –y lo siguen haciendo– debates, disputas y distanciamientos entre socialdemócratas y comunistas, dividiendo a la izquierda mexicana por muchos años (incluso durante el proceso electoral de 1988, que pretendía concentrar a todos los grupos en torno a la figura de Cuauhtémoc Cárdenas, a quien, por cierto, Paz no apoyó).

Infortunadamente, el autor de Águila o Sol nunca pudo distanciarse de la “dictadura perfecta” (Vargas Llosa dixit), pues creía que el sistema debía reformarse a sí mismo. Ese fue el pecado que la izquierda recalcitrante maximizó y que el liberalismo –antes centralismo autoritario­– obvió.

El valor simbólico de su pensamiento, fuera del terreno literario, es discutible, polariza opiniones y no cohesiona ni enamora como lo hacen sus versos. Empero, se equivocan quienes pretenden diluir la obra de Paz con los desatinos políticos que tuvo. Se equivocan también quienes lo endiosan, pues visto así resulta un ser lejano y elitista.

"El arte no es un espejo en el que nos contemplamos, sino un destino en el que nos realizamos", decía el Lord Byron de Mixcoac. El valor simbólico y estético de su arte es enigmático, abrasador y abrazador: abrasador porque sofoca la garganta y los sentidos al irradiar pasión; y abrazador porque es una charla íntima, desafiante y cariñosa, tan personal como colectiva, sencillamente compleja.

Estas líneas se suman al homenaje rendido a Octavio Paz el pasado 19 de octubre, cuando se le puso su nombre a uno de los recintos de la nueva sede del Senado.

Sea ésta una elegía, no una apología. Sean estas Letras Libres un punto de encuentro, un Proceso de diálogo alrededor de El Arco y la Lira del ganador del Premio Nobel de Literatura 1990.

Las ideas de Paz son siempre chispazos: sólo una de ellas basta para incendiar el bosque entero.

martes, 28 de junio de 2011

I [Jorge Luis Borges] You

Dijo Chesterton que es natural que lo real sea más extraño que lo imaginado, ya que lo imaginado procede de nosotros, mientras que lo real procede de una imaginación infinita, la de Dios.” JLB

Querido viejo, debo hacerte una confesión: a diario desecho el consejo que me diste la otra noche[1]. No me he olvidado de ti; leo a otros autores, sí, pero siempre con la añoranza de regresar a tus páginas, de ser tus ojos, de que seas mi lengua, mi pensamiento.


Cuando tu última flor se marchitó, tus raíces ya habían ingresado al terreno de la  inmortalidad literaria, lugar al que has nutrido y bifurcado a través de la imaginación, el cariño y el fervor, ese Fervor de Buenos Aires. Aquel 14 de junio de 1986, escribiste –y protagonizaste– una nueva aventura dentro de la dialéctica borgiana[2].

Tu existencia abarca, en principio, tres siglos: el XIX, donde naciste y recuperaste al rememorar, traducir y transformar diversos relatos de Poe, Wilde, Bernard Shaw, Kipling, entre otros; el XX, testigo de tu andar, de tus relatos fantásticos, de tus temores y amores, de cómo enfrentaste esta “interesante aventura ética”[3]; y el XXI, desde el cual luces más vigente que nunca, el tiempo-espacio que a pesar de ser hipermoderno no es capaz de volar a tu misma velocidad ni de descifrar por completo tus laberintos.

Ante todo eres intertextual, procuras las relaciones horizontales, de ida y vuelta recurrente. Crees que un hombre es al mismo tiempo todos los hombres, por ende no cedes ante la egolatría, no sacralizas la vida, así como tampoco la banalizas. Lo tuyo no es un monólogo, es un diálogo; no quieres fans, deseas compañeros de tertulia; ponderas la lectura antes que la escritura. Lo tuyo es nuestro. No en un sentido de apropiación rapaz y oportunista, no. Nuestro porque al leerte nos entregas parte de tu esencia, dejas el papel –o la pantalla, según sea el caso– para impregnarte en nuestra corteza.

Tanto invocaste a la ubicuidad que hoy día eres sinónimo de ella. Tu voz resuena, tan tímida y cálida como siempre, en cada uno de los continentes de la Tierra. Definitivamente me gusta muchísimo más que seas tú quien enuncia las historias, porque hace tiempo, cuando desconocía tu acento, tu tono porteño, tu cadencia al hablar, tenía que prestarte mi voz, situación que me convertía en un inquisidor, un integrante más de la Historia universal de la infamia.

Tu obra no nos aleja de la realidad, por el contrario, nos acerca más a ella. Presenta un número casi infinito de puertas, de interpretaciones, de elementos narrativos que invitan a la búsqueda, a la inmersión constante en el mar de las certezas absurdas, los inefables códigos y las verdades inverosímiles.

Georgie, tus cuentos abordan la generalidad que surge de la abstracción de una particularidad determinada. Sublimas creencias y corrientes filosóficas dando origen a materiales superconductores, capaces de detonar y revolucionar la mente de tus lectores. Creas universos tan complejos como el que conocemos –y habitamos–, que dicho sea de paso, no comprendemos en su totalidad. Estableces innumerables vínculos cósmicos, utilizando al lenguaje como herramienta principal. Sin quererlo, has transitado las aguas de la prosa y la poesía hasta arribar a esa isla –con el mismo número de granos de arena como dudas sin resolver– llamada teología.

Comentas que cometiste el pecado de no ser feliz. No lo creo, me parece que estás equivocado. Nadie mejor que tú para describir el estado de tus adentros, sin embargo, pecas de modesto. En tus 86 años de vida encarnaste experiencias celestiales e infernales, dignas del mismísimo paraíso y del más temible infierno, respectivamente. Amaste y fuiste amado. Le diste voz a miles de pensamientos que en ti convergieron, erigiéndose en un imprescindible legado ontológico. Entonces, ¿fuiste o no feliz?

Tu sombra merece un elogio porque no pondera la desdicha, no insiste en tener razón, ha buscado perdonarse a sí misma, tiene misericordia con los demás, ha dejado atrás el soborno del cielo. Me elegiste hace más de un año, una tarde de primavera. Desde entonces no he dejado de recurrir a ti, de abrazarme a tu contorno, de resguardarme de las inclemencias que con frecuencia azotan mi mundo.

Comparto contigo y Spinoza el panteísmo inmanente, que supone darse sin esperar retribución, ser sin condición, amar aun sin que te amen como signo de crecimiento integral, de enriquecimiento espiritual. No comparto tu apatía por la política, tu noción de justicia, tus coqueteos con las dictaduras latinoamericanas, tan diametralmente opuestas al boom latinoamericano.

No te juzgaré por la relación que llevaste con tu madre. Tampoco lo haré por haberle permitido a María Kodama apoderarse de tus últimos deseos, de tus decisiones finales. Lindo hubiera sido que te casaras con Fani, tu entrañable compañera, que cuidaba de ti más allá del bien y del mal. ¿Y si tiraras de nuevo los dados? Tal vez surgiría un elemento mágico, un factor borgiano que redefiniría las formas de tus fondos, en cuanto a tus relaciones interpersonales se refiere.

Cabe aclarar una cosa: no te veo ni como un semidios ni como un ídolo. No mereces algo así. Eres un ser lleno de desatinos, de prejuicios, de temores, falto de carácter. No supiste cómo desmarcarte por completo de las élites que dañaron a tus compañeros de viaje (argentinos, chilenos, uruguayos, paraguayos, brasileños, mexicanos, españoles, et al). No eres ningún gurú, ningún sensei. De ti se puede aprender bastante visualizándote como un ser humano, ni más ni menos. Te quiero, admiro y respeto por ser una caja de resonancia de la literatura universal, por hacer de tu ceguera una virtud, por escudriñar miles de textos tan delicada y pacientemente, como si en ello te fuera la vida.

Eres el único argentino que conozco que puede conciliar a dos naciones tan antagónicas como Argentina e Inglaterra. Si por ti fuera, las Malvinas estarían divididas en partes iguales, el español y el inglés serían lenguas oficiales en ambos países, y le habrías ordenado a Maradona no usurpar las funciones de Dios ni burlarse de los ingleses.

En fin. No he venido a profanar tus circulares ruinas. He venido a mirarme en El espejo de tinta que llevas por rostro, he hecho esto para confesarte mi cariño, mis incesantes coqueteos con El Sur. Recibe esta Utopía de un hombre que está cansado, mas no entregado ni descorazonado. Tú, Borges, eres All our yesterdays. Sea este un intento de elegía, una demostración de mi entusiasmo por tus letras, un acto donde vuelvo a pasarte por el corazón.


*** A continuación les dejo una compilación de enlaces a propósito del 25 aniversario luctuoso de Jorge Luis Borges. Textos, audios y videos imperdibles. Pueden saltarse los párrafos anteriores, pero no dejen de consultar lo siguiente...

 Intertextualidad
http://www.apocatastasis.com/jorge-luis-borges-acerca-de-mis-cuentos.php#axzz1Q53qRBmA (Concepción de cuentos: objetos mágicos en el mundo real)
http://www.apocatastasis.com/jorge-luis-borges.php#axzz1Q53qRBmA (Monografia sobre Jorge Luis Borges, de Jaime Alazraki)
http://www.elpais.com/todo-sobre/persona/Jorge/Luis/Borges/3368/ (Notas y reportajes publicados en El País)
http://www.jornada.unam.mx/2011/06/12/sem-cara.html (Artículos de opinión y memorias sobre la vida y obra de Borges)
http://www.diariodesevilla.es/article/ocio/998717/constelacion/borges.html (Nota y video referentes al 25 aniversario de la muerte de Borges)
http://www.ccborges.org.ar/constelacionborges/tigre1.htm (Constelación de audios, frases e imágenes)
http://amediavoz.com/borges.htm (Antología de poemas)
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-21997-2011-06-14.html (Espejos y máscaras del inmortal: elogio a través de la crítica)
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/borges/jlb.htm (Colección de cuentos y relatos imperdibles)
http://www.lanacion.com.ar/1381303-el-hombre-que-fue-a-su-vez-un-aleph (la mitología de Borges; también, al final, hay algunas notas relacionadas sobre el autor)
http://www.letraslibres.com/beta/blogs/borges-25-anos-de-su-muerte (Artículos, poemas y ensayos sobre –y de– Borges)
http://www.theparisreview.org/interviews/4331/the-art-of-fiction-no-39-jorge-luis-borges (The art of fiction, interview –in English, obviously– with JLB)
http://letraslibres.com/pdf/449.pdf (Entrevista de Enrique Krauze a Georgie)
http://prodavinci.com/2011/06/15/artes/kodama-piglia-y-bernatan-sobre-jorge-luis-borges/ (Kodama, Piglia y Bernatán hablando a cerca de Jorge Luis)
http://sololiteratura.com/bor/borobras.htm (Para leer: versos, prosa y colaboraciones)
http://www.juangasparini.com/borges.html (María Kodama, ¿mala influencia y arribista)
http://www.papelenblanco.com/escritores/borges-eterno (La lectura de Borges produce más literatura)
http://bibliotecaignoria.blogspot.com/2007/01/mapa-del-sitio.html (Ensayos y discursos de Borges; artículos de opinión sobre su obra, a cargo de Octavio Paz et al)
http://www.themodernword.com/borges/index.html (Compilación de vida y obra. En Inglés)
http://www.apocatastasis.com/jorge-luis-borges.php#axzz1Q53qRBmA (Análisis semiológico y filosófico de la obra de Borges)
http://www.elpais.com/todo-sobre/persona/Jorge/Luis/Borges/3368/ (Últimas notas y reportajes sobre el legado de Borges)
http://www.letraslibres.com/beta/blogs/borges-y-el-caso-almotasim (Sus relatos como espejos que reflejan una realidad irreal)

Audio textos

Audio-videoteca
http://youtu.be/G9gievMGSyo (La voz del poeta)

Videos
http://youtu.be/mFsVmqMWoVE (Imaginantes: el oro de los tigres)
http://youtu.be/-qsPtS-cuyA (Imaginantes: Borges el memorioso)
http://youtu.be/YiF7yF81QxU (El minotauro bajo la mirada de Borges y Cortázar)
http://youtu.be/YiF7yF81QxU (Soler Serrano entrevista a JLB, en 1976)
http://youtu.be/7ER919AtOgA (Soler Serano entrevista a JLB, en 1980)
http://youtu.be/G9gievMGSyo (Poemas en la Voz de Borges)
http://youtu.be/6f1qryPPVFI (La ceguera - discurso)

viernes, 17 de junio de 2011

Inhalar jazmín para exhalar utopías

La revolución del jazmín surgió como consecuencia del nocivo y decadente modelo neoliberal, a la par de la decadencia de EU y su caduco orden unipolar.  Es una respuesta de los jóvenes ante el agobio de los gobiernos totalitarios y la decadencia económico-político-social del mundo actual. Este movimiento bien podría ser resumido a través de un #TuitCallejero observado hace unos días en la Plaza del Sol de Madrid: “No somos antisistema, el sistema es antinosotros”.

Cabe mencionar que Túnez no fue el país donde todo surgió, ya que años antes se dieron revueltas y manifestaciones en Nigeria, Costa de Marfil y Egipto. Sin embargo, los tunecinos fueron los primeros en derrocar a un dictador, en quitarse de encima el yugo que los oprimía. He ahí la importancia de Túnez: unificó a la mayoría de la población contra el sátrapa de Ben Alí; recordó cuán importante es ejercer la participación ciudadana para acceder al poder real, mediante el cual es posible mejorar las condiciones de vida de todos; y le transfirió valentía a los pueblos de otras naciones, en especial a sus vecinos del Magreb y a las mayorías étnicas dominadas por las casas reales en los territorios que forman parte del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo.

Mohammed Bouazizi fue la chispa que detonó la explosión. Se prendió fuego ante la mirada atónita de propios y extraños. Se inmoló porque lo que tenía ya no era vida, porque como tantos otros no tenía en sus manos la posibilidad de brindarle un mejor presente-futuro a su familia. Bouazizi prefirió perder la vida antes que la dignidad. Tal vez en el fondo de su ser tenía la ilusión de que su acto fuera un aliciente para aquellos que, llenos de hartazgo y decepción, aún no se habían levantado contra el grupo hegemónico que a diario los violentaba. Su muerte trajo vida y esperanza; su alma exhaló un aroma de jazmín tan intenso y cautivador que se ha impregnado en la conciencia de millones de terrícolas (libios, sirios, egipcios, árabes, iraníes, pakistaníes, israelíes, palestinos, españoles, mexicanos, islandeses, tunecinos, marfileños, et al).

Es falso creer que África y Medio Oriente son tierras homogéneas. Las naciones, razas y tribus que ahí coexisten, tienen ritos y hábitos únicos, las circunstancias que las componen son tan diversas como la riqueza natural que las cobija. Lo que sí se puede (re)afirmar a partir de la revolución del jazmín, es el coraje y la resistencia intrínseca de esas tierras. También se ha develado –once again– la hipocresía y avaricia de la OTAN, dejándola en la ignominia ante la opinión pública –crítica y analítica–, pues en las últimas décadas fungió como el principal promotor y aliado de los tiranos caídos. Por si fuera poco, ha hecho que ingenuos como yo sigamos esperanzados, aunque sea mínimamente, en que el hombre cese en su intento por exterminarse a sí mismo.

Desde mi perspectiva se conjuntaron tres elementos esenciales para la irradiación de las revueltas: la secularización de las mismas; las protestas con una ideología fuerte, demandante y humana,  pero con actos pacíficos (salvo algunas excepciones, sobre todo en el caso de Libia, donde la revuelta ha devenido en una guerra civil, aunque los grandes emporios mediáticos traten de establecer a los rebeldes como los buenos y al grupo de Kadafi como los malos); y el equilibrio, previa fusión, de la individualidad con la colectividad, del bien común como sinónimo de satisfacción personal, de la actitud solidaria con el prójimo como una herramienta de crecimiento integral.

Vivimos en un mundo polarizado, sitiado por militares y policías, a merced de armas y sustancias que fácilmente pueden acabar con nosotros. Poseídos por el dinero y las ganas insaciables de poder, esos individuos que lo mismo negocian con autos que con personas, han establecido un régimen represivo donde las libertades son privilegios, donde las constituciones y los derechos humanos no pasan de ser buenas intenciones (recomendaciones), donde ser feliz no es el hecho de ser y estar –y por ende disfrutar–, sino tener, comprar, poseer, lucir, etc., donde el camino de la integridad rumbo a la plenitud luce más desolado que nunca.

Si en Túnez y Egipto la verdadera revolución comenzó después de haber echado a sus máximos dirigentes, en países como Yemen, Siria, España e incluso México, el proceso para que el descontento social se convierta en algo tangible y logre un cambio sustancial, carece de bases sólidas, de cimientos que soporten semanas o meses de mítines, huelgas y marchas, y meses o años de reestructuración de las instituciones, empezando por la familia y terminando por el Estado.

Evidentemente la vida tampoco puede ser un cuento de hadas, ni un pasaje perfecto sin obstáculos ni desventuras, porque en ese escenario no seríamos seres humanos, imperfectos, sensibles, pensantes, en todo caso seríamos una raza autómata, insensible, monótona, sin razón de existir. Pero tampoco debemos acostumbrarnos a ser ninguneados, a que unos cuantos decidan por nosotros, a que el uso de la violencia se legitime con tal de aplacar a los malvados, a ser parte de batallas ociosas, a la repulsión y el rencor contra quienes son distintos, a la desgracia ajena, a la banalización de pensamientos y sentires, a la decadencia generalizada, porque si cedemos ante ello, entonces sí estaremos cerca de ser una raza autómata, y lo único que cambiará será el método –nada rosa– por el cual llegaremos a ese punto sin retorno.

* Si desean ver el seguimiento noticioso del tema vayan a la siguiente dirección: http://es.scribd.com/doc/56511349/La-revolucion-del-jazmin-Seguimiento-y-Articulo Con detalles, resumen de los hechos, fuentes y comentarios.

lunes, 18 de abril de 2011

Reseña: Tragicomedia Mexicana (Volumen I)


¿Listos? Tercera llamada, tercera. Comenzamos... uno a uno los actores principales salen al escenario y hacen gala de sus mejores atuendos, de sus mejores máscaras. Los protagonistas saben al dedillo cada una de sus líneas y, si acaso olvidan alguna, utilizan los conocimientos que el director les ha transmitido para improvisar –de acuerdo a las pautas generales de la obra. Interpretan tan bien su papel que parecen reales. Ellos mismos creen en sus diálogos, forman un sistema lingüístico e icónico perfecto, capaz de envolver con retórica revolucionaria y demagógica al público.

La tragicomedia se extiende desde 1940 hasta 1970, aunque a decir verdad parece una representación cíclica de la historia de México. Más allá de las formas, la esencia del paradigma ha sido siempre similar: al público se le toma en cuenta para que ovacione, aplauda e idolatre a los actores, para que pague grandes sumas por un show que sabe casi de memoria, que ha visto cientos de veces, y que sin embargo, casi nunca lo satisface o le provoca sonrisas sinceras.

La empresa encargada de montar esta obra no siempre ha estado en las mismas manos, pero siempre ha estado dirigida por los mismos ejes: codicia y avaricia. A estos se les han sumado en mayor o menor medida (dependiendo de los propietarios en turno): la egolatría, la envidia, la deshumanización, la violencia y la sustitución de los valores éticos por los monetarios.

“Que devuelvan las entradas”, gritan algunos osados que se encuentran al fondo del teatro. De inmediato se acercan los guardias del lugar, levantan a los culpables, los evidencian, someten y golpean a la vista del resto. Paralelamente el soliloquio del personaje principal continúa, así que casi de inmediato recupera la atención del respetable (nombrado así siempre y cuando no actúe como los trogloditas antes mencionados). Las luces van y vienen. De pronto los que protestaron ya no están, nadie se atreve a preguntar por ellos, tal parece que nadie los conocía. Quizá eran hijos del silencio, porque es el único que se atreve a manifestarse. Aquí no ha pasado nada. Todos los presentes desconocen –por omisión, complicidad o ignorancia– lo que acaba de suceder. Por miedo, apatía y conformismo, el público ha pasado a ser parte del elenco, ya es un actor –secundario– más.

Todos los reflectores están en dirección al escenario. Los privilegios también. Por el contrario, los pasillos y butacas son alumbradas por unos pequeños quinqués, peligrosos e insuficientes para iluminar a los espectadores, además, son causa de incendios y disputas para obtener el –escaso– calor que emiten. La mayoría de las personas se involucran en un arrebato ocioso, alevoso; se enajenan; pierden los estribos, atentan en contra de los que están en las mismas condiciones inhumanas; su ojo crítico es derrotado por la miopía; su voluntad es domada por el ambiente; su esperanza se vuelve frívola, fría; el resentimiento inhibe sus sentidos; su amor no existe; su ser ya no es su ser.

No recuerdo cuántos días han pasado. El nombre de la obra cambió. Los protagonistas de ayer nos miran desde un lujoso palco, los protagonistas de hoy, familiares o amigos de los anteriores, posan y hacen gala de sus mejores pasos, voces, muecas y ademanes. El discurso es aún más radical, no se apega al guión inicial, mucho menos a la síntesis plasmada en los carteles publicitarios, pegados por montones para dar a conocer el inicio de la enésima temporada.

Insultos, descalificaciones, golpes, cerco informativo, restricción de la libertad, imposición de una moral: todas esas afrentas son cosa de niños. La muerte es un verdadero y merecido escarmiento para quienes se rehúsan a observar la obra; para quienes buscan que las temáticas expuestas se diversifiquen; para quienes buscan presenciar otras expresiones artísticas; para quienes anhelan dirigir, actuar o producir una historia sincera, bondadosa, digna de ser contada, creativa, plena, plural, equitativa, incluyente, crítica.

La sangre de los jóvenes disidentes que se negaron a ser parte del espectáculo se cuela por las puertas y paredes. Han sido masacrados a las afueras del teatro. Sus cuerpos yacen en el asfalto, destrozados, irreconocibles. Sin embargo, sus ideologías y ontologías no perecieron ante las balas, se emanciparon, serán eternas con el simple hecho de que algún testigo las recuerde, las enuncie, las divulgue, las practique.

José Agustín estuvo ahí, miró desde el interior y desde el exterior. Esta semana conversé con él, me contó a detalle y con paciencia los pormenores de treinta años de representaciones consecutivas, sin descanso ni tregua alguna a cargo del PRI (institución dedicada al entretenimiento de los mexicanos). Tres décadas que parecen siete, por el daño que causaron y por la insistencia de los gobernantes contemporáneos en repetir los errores y agravios del pasado, claro, no sin antes aprovechar su investidura para añadirle un toque de genialidad al asunto: estrangulan más bolsillos, sueños y pescuezos; recrudecen la violencia; y presas de sus mentiras, se muestran incapaces ya no digamos de tener consciencia, sino de disimular sus errores en el escenario.

Bien lo dijo André Bretón: “México es un país surrealista”. Nunca se sabe si la obra que vemos es literal o metafórica. Nunca se sabe si el desliz de un actor es una impericia o es parte del guión. La doble moral de la sociedad ha generado una triple moral, donde la ambigüedad es reina y el pragmatismo rey; donde las personas son desechables; donde conceptos como el Estado de Derecho, el libre mercado y la sociedad de la información, son los dogmas principales.

Hasta ahora no ha bastado con los valiosos actos de ciudadanos valientes que han pugnado por hacer efectivo el concepto de democracia (el poder del pueblo). Hasta ahora todo ha quedado en promesas e intentos infructuosos. Aunque también, hasta ahora hemos llegado con vida, con ánimos de seguir, con un cúmulo de experiencias non gratas que no deseamos repetir, con un presente adverso que queremos revertir.

Y no hay mejor síntesis del texto de José Agustín, que la que involuntariamente hizo el escritor hondureño, Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

viernes, 8 de abril de 2011

Crónica de una rivalidad crónica

“Hoy no me quiero levantar”, reza una célebre frase. Este jueves me va como anillo al dedo. No recuerdo qué soñé, lo que sí sé es que no fue algo dulce, a pesar de ello preferiría quedarme en la calidez de mi cama, cubierto por las cobijas, rodeado de almohadas. No quiero salir al mundo lleno de prisa, de peligros en cada esquina, de miradas frías y actitudes ariscas. Tampoco quiero ser víctima de los inclementes rayos solares. Hoy no.

Frente al espejo lo que miro no me gusta. El cabello me ha crecido demasiado en los últimos días y por más agua que le pongo se niega a acomodarse. En vista de su rebeldía decido ponerle un hasta aquí: “Iré a que lo recorten”. Cepillo mis dientes, me pongo unos pants y enfilo hacia la puerta.

Tras cinco minutos de camino estoy frente a la estética. La chica que atiende está fuera del local platicando con un joven. “¿Estás ocupada?”, le cuestiono con amabilidad. “No, te estaba esperando”, contesta mientras suelta una carcajada. Me agarra en curva, por ende sólo acierto a contestar: “Gracias”, acompañando por una risa breve, tímida y sincera.

Me siento frente a un amplio espejo ovalado. Pido casquete corto, sin ninguna especificación particular, pues lo que me interesa es quitarme esta melena. El ritual de Majo (como es conocida en la colonia) es único: se acerca a la grabadora y elige el ritmo bajo el cual se moverá para hacer su trabajo, canta las primeras líneas de la canción que suena y hace entrar la máquina al costado de mi cabeza, donde los rebeldes están atrincherados. Uno a uno caen al piso. Los veo con desdén, esbozo una sonrisa y disfruto de una victoria parcial.

La Onda Vaselina nos envuelve con su famoso: “Vuela más alto más, vete más lejos ya”. Personalmente no gusto de esa agrupación ni de esa corriente musical, pero el ver a Majo contenta e inspirada por esas profundas  letras me pone de buenas, porque es importante que la gente haga lo que le gusta con pasión, con convicción.

Ya entrado en confianza le pregunto por su situación económica: “Me va bien aquí, pero tengo que estar casi todo el día”. Continúa moldeando mi cabellera y agrega: “Gracias a que estoy en algunas tandas y a que me sé administrar puedo darme algunos lujitos”.

“Me gusta estar a la moda, probar nuevos looks”, platica orgullosamente. Quizá por eso cada vez que la veo tiene un tinte distinto, como el rubio casi fosforescente que ahora la acompaña. Hace dos años que vive sola, renta un departamento cerca del metro Cerro de la Estrella: “Es difícil sostener sola los gastos de una casa, pero ayuda a madurar”.

“Los políticos me dan asquito, sus decisiones nos han hundido… Cada vez rinde menos el dinero”, confiesa. Reconoce que evita leer y ver las noticias para no deprimirse: “Muertos por aquí y por allá, esto parece no tener fin. Cuando llego a casa lo único que quiero es relajarme, no pensar en lo malo que nos rodea”.

Pone un poco de talco en mi nuca, lo remueve y suelta un: “Listo, corazón”. Me siento más ligero, más joven, pero también siento pena por los cabellos que yacen en el piso, quizá fui muy enérgico con ellos, ¿y si con un poco de gel se hubieran alineado?... Demasiado tarde, en este instante ellos deben estar en un bote o en una bolsa, lamentando haber crecido, añorando su niñez, aquellos días en que yo los quería y ellos me obedecían.

Dos horas han pasado desde que dejé parte de mí en el interior de Studio Style. 300 gramos de cabello, 400 gramos de apatía, 500 gramos de nostalgia y 600 gramos de una decisión visceral, son el saldo del suceso.

Por enésima ocasión me deslizo en las entrañas del Metro rumbo a la FES Aragón. En el trayecto entre Candelaria y Morelos siempre me gusta observar el Congreso de la Unión. Hoy no es la excepción, sin embargo, mi atención es atrapada por una manta llena de letras rojas y mucho fervor que indica lo siguiente: “Los derechos laborales no son negociables, el puesto de Lozano y el enano espurio sí lo son”. En mis auriculares suena Don’t give up this fight, de The Magic Numbers, como un mensaje (in)directo, casual y solidario para los trabajadores que aún defienden sus garantías individuales –y colectivas.

domingo, 13 de marzo de 2011

Papelitos

Algunos papelitos sobre la última edición de la FILPM. Memorias que en años anteriores no me habían abordado.

* A lo lejos aún escucho las herraduras de Rocinante
“Es un libro de colección, de biblioteca”. La frase no era parte de una táctica publicitaria por parte del vendedor para enganchar al cliente potencial. Don Quijote de la Mancha (El ingenioso hidalgo y El ingenioso caballero), de pasta de piel, grabado a mano, con bellas ilustraciones, con estuche personalizado y edición original –castellano del siglo XVII–, no era una falsa promesa ni un invento de la imaginación. Estaba vivo, estaba ahí. Su carga épica podía sentirse aún sin palparlo, era como si su interior latiera con fuerza en la búsqueda de algún osado compañero que se atreviera a revivir al Quijote, Sancho Panza y Dulcinea, con el simple hecho de enunciar sus aventuras.

“Está en 400 pesos, es un regalo”, decía el joven editor de Random House Mondadori, mientras dos chavos se miraban el uno al otro, dirimiendo si harían o no la compra. La oportunidad debía tomarse sin pensarlo ni un momento, tal como lo hizo un estudiante de medicina que sacó la tarjeta de crédito, firmó, y un minuto después salió cubierto de gloria. Quizá en un futuro padezca para solventar ese gasto inesperado, pero el dinero parecía poco, falto de valía ante la magnificencia de la obra obtenida.
 
El (des)encuentro albiceleste
¿Dónde está El Aleph?
¿Dónde La Biblioteca de Babel?
Sin Borges aquí
Buenos Aires me parece tan lejano.


De la nada, en esas ruinas
que no son circulares,
se filtra un acento argentino
con aire parisino,
una voz que hace las veces de tiza
y traza un juego aparentemente sin sentido.


Aviento la piedra,
diviso el destino,
me abalanzo hacia sus líneas
con mis temores y alegrías.


Algunos llaman Rayuela
a este juego en forma de escalera.



jueves, 3 de marzo de 2011

La preeminencia de la fraternidad


A partir de sus interminables viajes a casi todos los rincones del mundo, Ryszard Kapuscinski describió de manera formidable las características de cientos de razas y culturas, lo cual, aunado a su enorme capacidad de análisis, convirtió sus textos en documentos históricos elementales para comprender a la sociedad contemporánea.

Uno de los mitos que aún persisten en la opinión pública es el pensar que los medios de comunicación son espejos de la sociedad que reflejan fielmente lo que pasa en el mundo, al tiempo que los periodistas son notarios que se limitan a constatar y contar lo que ocurre. Parece mucho más cercano a la verdad decir que los medios construyen la realidad social a partir de sus intereses económicos, políticos e ideológicos. La gran mayoría no sólo reduce la cantidad de información, además informa mal, no contextualiza los hechos, no realiza un escrutinio de las causas que propiciaron la situación.

El lenguaje literario es semánticamente autónomo porque tiene la fuerza suficiente para estructurar mundos expresivos complejos. Entre el mundo imaginario creado por el lenguaje literario, y el mundo real, hay siempre un estrecho vínculo. No se trata de una deformación de la realidad, pero sí de la creación de una realidad alterna -producto de la intertextualidad que debe establecer una conexión verosímil con los hechos noticiosos.

En Los cínicos no sirven para este oficio, las guerras civiles, revueltas, independencias y revoluciones, son narradas desde una visión humana que considera al pueblo no como una masa intangible e irracional, sino como un grupo de personas sensibles, a quienes se les ha despojado de todo bien material, de toda fuerza utópica. Los desposeídos encuentran en Kapuscinski un medio que hace eco de sus voces, un compañero solidario, capaz de vivir en carne propia las inclemencias del territorio donde sobreviven.

Entre los factores que favorecen el éxito de toda relación interpersonal, en particular aquella propia del quehacer periodístico, está el reconocimiento del otro como alguien con quien compartimos las mismas necesidades primarias, una expectativa de autorrealización, el sentido de pertenencia y aceptación, y las alegrías y tristezas propias de nuestro andar. Ryszard invita a la reflexión respecto de nuestra relación con los extraños, nos propone comprender su visión del mundo, sus raíces y anhelos en esa búsqueda por convertirnos en mejores seres humanos, no como un acto egoísta, sino como una filosofía de vida.

A lo largo de la historia los europeos han dejado huella de su nulo respeto por las civilizaciones que no comparten su color (blanco), sus principios y su ontología. Presas de su ambición y de un espíritu conquistador, intentaron dominar el mundo e imponer sus leyes y dogmas, sus mitos y costumbres. Aunque en la actualidad la mayoría de los otros se han liberado del yugo imperialista, formando naciones teóricamente independientes, los hechos demuestran que gran parte del poder de decisión de esos territorios continúa en manos del mismo grupo hegemónico, que disfraza su narcisismo y avaricia con la bandera de la democracia y la intención de reducir la brecha tecnológica, eufemismo bajo el cual se esconde el desprecio e indiferencia por el prójimo, a quien se le considera poco menos que un objeto, incapaz de gobernarse a sí mismo.

En el caso concreto de la estadía de Kapuscinski en tierras africanas, es necesario reconocer que los regímenes totalitarios, las rivalidades étnicas, los grupos paramilitares, el terrorismo, la pobreza, la escasez de alimentos, las enfermedades, el saqueo de los recursos naturales y las vejaciones de las cuales han sido víctimas durante miles de años, son las principales razones por las que el continente negro está sumido en la miseria, aunque algunos miopes –denominados de manera pomposa como tecnócratas– lo nieguen, o peor aún, vean como lo más normal, influenciados por el racismo y el estúpido sentido de superioridad.

Un ejemplo claro de la hipocresía del resto del orbe hacia África es el haber designado a Sudáfrica como sede del pasado mundial de futbol. Y no es que su gente no mereciera ser anfitriona de un evento de tal envergadura, ni que el futbol deba ser elitista, pero ellos necesitan mucho más que un deporte-espectáculo, ya que más allá de las breves alegrías, la justa los dejó con problemas financieros aún más agudos. La dificultad radica en que la decisión fue una política del presidente de la FIFA (Joseph Blatter) para asegurarse los votos de la Confederación Africana en las próximas elecciones del organismo. Además, no fue parte de un apoyo integral que busque paliar las miserables condiciones de ¿vida?, persistentes en la zona.

Es falso creer que África es una tierra homogénea. Cada nación, cada raza, cada tribu tiene ritos y hábitos únicos, las circunstancias que las componen son tan diversas como la riqueza natural que las cobija. Sin embargo, la revolución del jazmín y su impacto en los ánimos revolucionarios del Magreb (alcanzando incluso el Golfo Pérsico y los Balcanes) ha demostrado su valentía, su resistencia, su coraje intrínseco. Este movimiento ha dejado una lección para Occidente, en el entendido de que era éste el principal promotor y aliado de los tiranos caídos. Por si fuera poco, ha hecho que ingenuos como yo sigamos esperanzados –aunque sea mínimamente– en que el hombre cese en su intento por exterminarse a sí mismo.

Negro por fuera, verde por dentro, ¿qué es?... No es el aguacate, es África. Negro –muerte y pestilencia– a la vista común, verde –vida– a la vista del alma.

Por último, he aquí el pasaje que resume de manera sublime no sólo este texto, sino la ética de Ryszard Kapuscinski: “Mediante la empatía, se puede comprender el carácter del propio interlocutor y compartir de forma natural y sincera el destino y los problemas de los demás. En este sentido, el único modo correcto de hacer nuestro trabajo es desaparecer, olvidarnos de nuestra existencia. Existimos solamente como individuos que existen para los demás, que comparten con ellos sus problemas e intentan resolverlos..."

Kapuscinski, Ryszard. Los cínicos no sirven para este oficio. Barcelona. Ed. Anagrama, 2005, pp. 124.

martes, 22 de febrero de 2011

Buscando el gol

Tras 20 años de intentos fallidos por separarme de mi sombra, abstraerme de mis emociones e ideas, y verme de frente sin la necesidad de utilizar un espejo, el redactar una autobiografía me parece un acto absolutamente demagógico, una pretensión insulsa, pues si en esas dos décadas no he logrado esbozar una definición convincente sobre ¿quién soy?, para mí, menos lo podré hacer en dos cuartillas sobre ¿quién soy?, para ti.

Mis primeros 12 meses fuera del útero de mi madre fueron bastante convulsivos: mi aparato digestivo era incapaz de procesar adecuadamente los alimentos que me daban; sufrí una caída de dos pisos en el edificio donde vivía, ya que salí del departamento mientras estaba en mi andadera, y al llegar a los barandales perdí el control del vehículo, el cual se volteó provocando mi estrepitosa caída; y por si fuera poco, la separación física y sentimental de mis padres.

A partir de los acontecimientos anteriores gocé de tan buena salud que hasta me decían “bolito” (juzgue usted). Sin embargo, esa época de bonanza hoy parece un mito urbano, pues actualmente algunos me dicen “flaquito” (de nuevo, juzgue usted).

Ante la huida –física y moral– de mi progenitor, me convertí en el hombre de la casa antes de siquiera entrar al kinder. Desde entonces vivo con mi mamá –la bondad hecha persona– y con mi hermana, quien es año y medio menor que yo.

Mi instrucción escolar inició en una guardería del ISSSTE, donde aprendí el valor de la resistencia física y la fortaleza mental, gracias a que la comprensiva maestra Maribel nos amenazaba con picarnos con una aguja si nos atrevíamos a desacatar sus órdenes que consistían en no correr, no gritar y no empujar.

En la primaria Plan de Iguala tuve la oportunidad de crecer en todo sentido, divertirme mucho, aprender conocimientos valiosos e incluso aprehender valores éticos que aún me son útiles e indispensables. Los diplomas que obtuve por mi promedio general y mi inclusión en la escolta no los considero grandes logros puesto que no era muy difícil alcanzarlos, pero su importancia reside en que desde aquellos tiempos me quedó claro que los números eran lo de menos, debía avocarme a extraer lo mejor de cada escuela, de cada materia, de cada persona.

Cuando ya estaba en la Secundaria Técnica 97 me hice consciente de algunos problemas que me aquejaban: timidez excesiva, mal carácter y la carencia de autocontrol de mis emociones. Estos factores me acarrearon múltiples problemáticas, principalmente en el ámbito familiar. A pesar de todo, mi mamá nunca me dejó a la deriva, siempre pugnó por hacer de mí un individuo de razones y principios. Aunque hoy día no he exterminado esas falencias al cien por ciento, debo reconocer que me he enfocado en desmarcarme lo más posible de ellas.

Un suceso que me marcó sobremanera fue la enfermedad que se apoderó de mi abuela materna, quien pasó sus últimos años de vida en mi casa, donde finalmente murió en 2006, víctima de las secuelas del Alzheimer. Representó un shock tremendo para mí el hecho de ir presenciando el desgaste físico y mental que iba mermando a quien a mi juicio es el mejor ser humano con quien he convivido. Curiosamente esa experiencia tan amarga unió como nunca a la familia, y en lo particular,  fue una oportunidad para explorar mis adentros y manifestar lo mejor de ellos. Por cierto, en un abrir y cerrar de ojos ya deambulaba por los pasillos de la prepa 5.

En la Facultad de Coapa pasé las mismas horas en las aulas que en las canchas de futbol. Afortunadamente nunca he probado los sinsabores de los extraordinarios, mi desempeño académico ha sido decente, sin sobresaltos, por lo que siempre he tenido vacaciones completas y grandes tiempos libres, los cuales he utilizado de la siguiente forma: dormir-ocio-comer-jugar-comer-leer-ocio-dormir, a grandes rasgos así ha sido mi vida lejos de la escuela. Sé que además de cínico puedo parecer un flojo –y sí, lo soy–, pero tampoco pretendo mostrarme al mundo con la máscara del joven exitoso y proactivo.

La pasión por los deportes ha sido una constante en mi vida. Desde niño he disfrutado intensamente tanto jugarlos como verlos. Cuando los tomé en serio pasaron dos cosas: jugando con las fuerzas básicas del Pachuca me lesioné la rodilla, lo cual me hizo desistir de mi ilusión de jugar profesionalmente, así que busqué una herramienta que me posibilitara estar cerca de los pormenores del deporte, por ello elegí Comunicación y Periodismo, en la afamadísima FES Aragón. No espero revolucionar los medios en México ni mucho menos, sólo deseo revolucionar mi mente, acrecentar mi espíritu y poder verme a los ojos sin miedo. Es cuanto.