martes, 22 de diciembre de 2009

El Reinado Culé

Nadie en su sano juicio puede negar que Barcelona fue el mejor equipo durante este año. Con seis títulos en un año, ¿quién se atreve a decir que no fue el mejor? Quien osara a negarlo tendría que ser trasladado de inmediato al oftalmólogo, y si la visita resulta infructuosa, no se descarte al psicólogo. Sin embargo, no es la cantidad de títulos obtenidos, que es de por sí histórica, la que lo hace acreedor a dicha distinción. La mayor virtud para congratularlo está fincada en la portentosa calidad del futbol desplegado.

La revolución del imperio blaugrana comenzó en el verano de 1988, cuando Johan Cruyff asumió el timón del equipo. Retornó a casa, a la ciudad condal, de la cual se había enamorado 15 años atrás. A partir de ese momento forjó un gran grupo, dentro y fuera del terreno de juego, retomó el Futbol Total (del cual fue protagonista y estandarte mientras jugó con la Naranja Mécanica, con quienes fue subcampeón del mundo en 1974), lo innovó y trasladó al Barca, creando así al mítico Dream Team, que entre sus filas tenía a jugadores como Guardiola, Koeman, Romario, Bakero y Stoichkov.

El Dream Team deslumbró al planeta entero con su talento, inteligencia y destreza mostrada en cada uno de sus juegos. Cuatro títulos consecutivos de La Liga, además de la UEFA Champions League de 1992, en Wembley, ante la Sampdoria de Italia, fueron los frutos cosechados a partir de una semilla con grandes nutrientes sembrada justo en las entrañas de la institución. No obstante, al Barcelona aún le faltaba mucho por hacer para llegar a la cima, para ser autónomo y soberano, para ser el rey. La dimisión de Johan del banquillo del Camp Nou, en 1996, fue el punto más álgido para la institución, fue un hecho que rompió la armonía entre directiva, jugadores y socios, los hundió en un pasaje sombrío, aunque a la postre fue bien encauzado, pues se utilizó para replantear objetivos, para regresar a las bases del método vanguardista y excelso del cruyffismo. Para jugar al futbol con elegancia, prestancia, amor y pasión. Para volver a divertirse y revivir el amor con la gordinha.

El tercer milenio entró a escena. Barcelona seguía reestructurándose, pero como era de esperarse, fracasó en su intento por terminar la obra inaugurada y cimentada por Cruyff, pues hizo caso omiso a los preceptos de éste. El año 2003 fue el punto de inflexión para los blaugranas: Joan Laporta se convirtió en Presidente. De nuevo dio mayor importancia y oportunidad a la cantera, consolidó a jugadores como Xavi, Puyol, Valdés e Iniesta, reforzó al equipo con jugadores importantes como Eto'o y Ronaldinho, despreciados por Florentino Pérez -ya que no vendían camisetas como sus galácticos-. Además, le dio la oportunidad a Frank Rijkaard, técnico holandés, gran táctico e inteligente, con buen manejo de grupo, autoridad y osadía. Las piezas del rompecabezas estaban completas, sólo faltaba unirlas a través del entrenamiento, el esfuerzo, la creatividad, el compromiso y la diversión. Y así lo hicieron, no desperdiciaron la oportunidad. París los vio encumbrarse en 2006: la orejona fue suya por segunda ocasión en la historia. Ahí estaba el Barça, el gigante había despertado e iba viento en popa rumbo a la tierra prometida.

Tanto 2007 como 2008 no fueron como se esperaban. El equipo jugó bien pero le faltó un plus. El momento para erigirse como una dinastía debía esperar. Quizá les faltó hambre y compromiso. Tal vez no se esforzaron como el primer día. Aunque los ingredientes estaban puestos sobre la mesa, algunos de ellos ya no querían pertenecer a ese platillo. La armonía estuvo en riesgo y el Madrid aprovechó para ganar dos ligas consecutivas a base de riñones: no jugaban mejor que los catalanes pero sí eran más efectivos, tanto con la chequera como en el campo. En pleno verano de 2008 se tomó una decisión sana: Rijkaard dejó de ser el Director Técnico. La baraja de candidatos al banquillo se fue acortando, tanto por diferencias en el terreno económico con los aspirantes, como por los compromisos asumidos con anterioridad por estos en otras entidades deportivas.

Laporta tomó la decisión más importante de todo su mandato: subió a Josep Guardiola del Barcelona B al primer equipo; debutaría en las grandes ligas. Ese mismo Pep Guardiola que pasó sus últimos seis meses como jugador en México, sí, en México, con los Dorados de Culiacán, donde la hizo más de auxiliar técnico de Juan Manuel Lillo que de jugador. Aportaba más de lo que parecía, su mente hacía lo que sus piernas ya no podían. Pep no parecía el indicado para el banquillo, porque más allá de que fue un símbolo durante 15 años, marcó una época y fue un referente, no tenía experiencia en primera división y el ambiente que se vivía tras la salida de Frank era hostil y turbulento. El reto era muy grande, el equipo estaba disminuido, había perdido confianza en sí mismo. Guardiola merecía llegar a ese puesto pero el contexto parecía no ser el idóneo.


Es-Pep-tacular
(Fernando Palomo dixit). Un empate y una derrota en sus primeros dos encuentros oficiales hicieron pensar que había sido un error su contratación. ¿Y después? Barcelona aceleró a medida que la temporada entró en tiempos de definición. Jugó con los rivales: ganó, gustó y goleó. En medio de la adversidad mostró su verdadero potencial, su raza, su estirpe. En La Liga le dio una lección de vida al Real Madrid en el Santiago Bernabéu, un 6-2 que fue más allá de los números: la alegría demostró que siempre vencerá a la apatía, aun cuando ésta última ocasionalmente haga creer lo contrario a través de un medidor o marcador. La serie con el Chelsea es otro botón de muestra: ganó el que jugó futbol, no el que se colgó del travesaño con sus 11 jugadores durante 180 minutos. Tarde o temprano el destino premia a quienes se atreven a vivir con intensidad, a quienes no se guardan algo, a quienes dan todo de sí. El gol de Iniesta, en tiempo de compensación, derrumbó a Stamford Bridge y demostró la gallardía culé. En Roma sólo hubo un equipo. Messi y Eto'o mostraron su potencial. El Manchester United parecía un equipo chico y desalmado, así lo hizo ver la escuadra dirigida por Pep.

La Copa del Rey la ganaron sin mayores sobresaltos. El triplete se había dado y Laporta no se había equivocado. En su primera temporada, Guardiola deslumbró. ¿Podía ganar algo más? ¡Sí! Llevó a sus vitrinas la Recopa Europea y la Recopa de España. Messi, Piqué, Busquets, Pedrito y Bojan se sumaron a los canteranos antes mecionados, demostrando que se necesita algo más que una chequera millonaria (Madrid) o llena de petro-dólares (Chelsea y Manchester City) para conformar un cuadro que esté listo para ganar, convencer y alegrar. Eto'o, Henry, Touré y Alves potenciaron sobremanera al grupo formado por los canteranos. Más allá de que Messi fue galardonado con todos los premios habidos y por haber, no puede considerársele como el único artífice de esta hazaña. Xavi e Iniesta son los motores, los cerebros del equipo; pese a que no ganaron ningún premio físico, estoy seguro de que el reconocimiento recibido por parte de sus allegados, y del público en general, tienen mayor valía que los de la FIFA.


Hace poco llegó el día de coronar al Barcelona, de concluir aquella obra iniciada por Cruyff a finales de los 80, tras 20 años de lucha, de sacrificio, de más derrotas que triunfos, de múltiples enseñanzas, de desavenencias, de un despliegue excepcional tanto en lo físico como en lo mental, con todo y sus baches incluidos. La final del Mundial de Clubes, antes llamada Copa Intercontinental, era la última parada para el ejército blaugrana. Abu Dhabi era la última ciudad por caer ante su majestad, que impuso su ley con jugadas de ensueño, lejos de la tiranía utilizada por Franco, Hitler, Mussolini, Pinochet et. al. para imponer su dictadura. Barcelona impuso su sello y mostró su poderío de otra manera: amor y respeto al futbol. Ante eso ninguna ciudad fue capaz de resistir. Estudiantes de la Plata mostró que el marrullero, el ratonero, el egoísta, termina por flaquear, recibe cuanto da, y como da poco o nada, recibe poco o nada. Barcelona salió avante una vez más; a punto estuvo de ser ultrajado de su trono, del cetro al cual tenía derecho luego de sus proezas mayúsculas. De haber perdido ese juego, el final no hubiera sido "felices para siempre" como lo es en los cuentos maravillosos. En tiempo extra el futbol y la mente no le bastaban al Barcelona para ser el rey. Coincidencia o destino, el gol del triunfo fue obra de Messi y lo hizo con el corazón (su pecho cubre a ese órgano, por lo tanto hay un simbolismo que le va perfecto a esta historia, la cual en un principio era deportiva y terminó siendo de vida).

En el Reinado Culé seguramente tendrán preparados puestos de honor (dentro de la corte real) para todos aquellos que dieron su vida por el club, entre ellos el Dream Team y su mentor: Johan Cruyff. El legado del Barcelona quedará para la posteridad. Antes sueño, ahora realidad. ¿O todo esto seguirá siendo un sueño? ¡Qué más da! Al final del día tú y yo podemos decir: "¡sí!, ¡yo tambien los vi!"

4 comentarios:

Beto. dijo...

Yo también los vi!
Y va a ser uno de los momentos futbolísticos que siempre recordaré, un ejemplo de cuando el fútbol, el verdadero, le gana a la mediocridad humana que ya hasta al deporte se pasó. Esperemos que muchos aprendan de ellos, aunque sinceramente lo dudo, porque si todos fueran como el Barcelona, no necesitaríamos el cielo, pues ya estaríamos en él.

Anónimo dijo...

Qué más da si es un sueño, tal vez es un cuento maravilloso de proesas y de ilusiones.
Lo que empezó como una idea se fue gestando en el futból más maravilloso de nuetros tiempos, creo que pasarán años antes de que se repita lo que con honor y suerte pudimos ver, seis copas no son fáciles de llevar a una vitrina, pero Pep, aquel que nadie tomaba en cuenta en Dorados, ha sabido lelvar por buen camino al Barcelona.

Pero ¿ahora qué le quedá? ¿Qué sigue por ganar?
Pro ahora creo que solo existen Dos equipos que juegan a otro nivel, Real Madrid, que prométe la nueva era de los galácticos a base de jugadores que han demostrado que son excelentes en su labor, aunque claro está, juegan más al espectáculo individual (CR9) que la futból asociación; y el Barcelona que sigue demostrando que los títulos no estan peleados con el joga bonito, pues cómo vimos con el Chelssea ni con el carro atrás pudo vencer la alegría de jugar y divertirce del Barca.

Se ha coronado el rey del futbol, Dios alave al Rey, larga vida al Rey.

Forca Brca.

NACHITO.

ADAN dijo...

Que onda mi ben amigo Daniel
pues como dices elf utbol no es mi fuerte pero si me llega a latir mucho, me consta que el barcelona aunque no sea un equipo que sea de mi agrado sabe entregarse en la cancha y es un buen equipo
no se qu emas decirte -:P jaja

camara compa muchas gracias
por compartirlo

saludos!!!

Mariano dijo...

Lloré cuando perdió el Chelsea...

Es que esos del Barcelona si juega bien... siento que quieren llegar a ser como el América :P